POSTURAS DE MEDITACIÓN:

Sukhâsana (Postura fácil o postura del sastre)

Como el mismo nombre indica es la postura más asequible. Sentados sobre el cojín de meditación, cruzamos las piernas y bajamos las rodillas hacia el suelo hasta donde nos sea posible. Colocamos el pie izquierdo al lado del muslo derecho y el pie derecho al lado del muslo izquierdo.

 

Siddhâsana (Postura de los seres realizados o postura perfecta)

Sentados sobre el cojín de meditación, cruzamos las piernas buscando que la planta del pie derecho esté en contacto con la parte interna del muslo contrario. El talón se mantiene cerca del perineo. El pie izquierdo se situará delante del pie derecho. Los tobillos están superpuestos y las piernas ampliamente separadas con ambas rodillas en contacto con el suelo.

 

Ardha Padmâsana (Postura de semiloto o Postura de Brahma o Brahmâsana)

Sentados sobre el cojín de meditación, cruzamos las piernas buscando que la planta del pie derecho esté en contacto con la parte interna del muslo contrario. El talón se mantiene haciendo presión en el perineo. El pie izquierdo descansará sobre el muslo derecho. Las dos rodillas tocando el suelo porque si una queda más elevada que la otra la posición no será estable y el cuerpo quedará ladeado.

 

Padmâsana (loto)

Sentados sobre el cojín de meditación, cruzamos las piernas buscando que el empeine del pie derecho se coloque sobre el muslo izquierdo en contacto con la ingle. La planta del pie se dirige hacia arriba. El empeine del pie izquierdo se situará encima del muslo derecho, es decir, cada tobillo se coloca sobre la base del muslo opuesto y los talones cerca de caderas. Las rodillas deben mantenerse en contacto con el suelo.

Estas cuatro posturas meditativas son fácilmente asequibles para un oriental y, en cambio, pueden resultar difíciles para un occidental. No forzarnos para colocarnos en la posición del loto, no es necesario. Si hay problemas para mantener estas cuatro asanas descritas podemos optar también por otras posiciones, si nos tienen que aportar más comodidad y la misma sensación de verticalidad y enraizamiento, por ejemplo Vajrasana (Postura del diamante) en la que nos sentamos sobre los talones e incluso podemos poner el cojín de meditación entre nalgas y piernas, o entre las piernas. En último término, si el practicante no puede sentarse en el suelo lo puede hacer en una silla, intentando no apoyarse en el respaldo y sentarse en la parte de delante del asiento, los pies deben estar bien apoyados en el suelo, planos y paralelos.

Por otro lado una vez nos sentamos en meditación es aconsejable empezar por una rápido recorrido corporal de observación, es decir, observamos como hemos colocado el cuerpo sobre el cojín, como hemos distribuido el peso, los ejes, para que la posición sea sólida y al mismo tiempo al visualizar todo nuestro cuerpo buscamos donde podemos soltar tensión. Una vez sentimos que la posición es estable podemos iniciar la práctica.

 

Vajrasana

 

Utilización de banquillo de meditación

 

Colocación corporal en una silla